Proyecto Erasmus

Mi experiencia Erasmus+ en Cerro Maggiore (Milán, Italia)

Dicen que nunca es tarde si la dicha es buena y, en mi caso, esta movilidad Erasmus+ ha cobrado un sentido muy especial. Durante mi época de estudiante, la experiencia de vivir y aprender en el extranjero fue una asignatura pendiente; una pequeña espinita clavada que, por fin, me he podido quitar. Eso sí, esta vez el reto era doble: no iba como alumno, sino como docente, con la responsabilidad de impartir clases en inglés y compartir nuestra cultura y metodología.

Mi destino fue el Istituto Comprensivo «A. Strobino» (Scola Media “Dante Alighieri”), ubicado en Cerro Maggiore, un tranquilo pueblo de unos 15.000 habitantes en la región de Lombardía, Italia. Un centro muy similar al nuestro (unos 330 alumnos y 50 profesores) que me abrió las puertas de par en par desde el primer minuto.

 

Primeras impresiones: ¡pequeños CASIO para todos/as!

Aunque existen muchas similitudes con nuestro modelo educativo, lo primero que llama la atención al entrar en las aulas italianas son las diferencias organizativas y algunas metodológicas. Durante mis jornadas de job shadowing (observación de clases), pude constatar algunos contrastes muy curiosos con nuestro sistema; por mencionar algunos:

  • Horario: debido a la autonomía de los propios centros educativos para distribuir horas lectivas, en éste encontré que el alumnado no tenía el mismo horario lectivo a lo largo de la semana. Lunes y miércoles no partían hacia su casa hasta las 16.45, mientras que el resto de días terminaban su jornada a las 13.45.

 

  • Los sábados: al decidir cada centro su propio calendario lectivo en función de sus recursos, pero tener que distribuir un número determinado de horas semanales por ley, faltan algunas horas restantes que se distribuyen en unos pocos sábados al año (5 en el presente curso académico). Lejos de servir para impartir clase, estos días especiales se convierten en eventos temáticos donde toda la comunidad educativa está involucrada (Día de la Olimpiadas, salidas profesionales, jornadas de puertas abiertas en el centro, etc.). En concreto, mi estancia coincidió con la celebración del Día Intercultura, una oportunidad perfecta para impartir talleres relacionados con el flamenco y la computación.

 

  • En las clases de Música, los alumnos llevan su propio piano CASIO portátil. Una idea muy interesante con mil posibilidades (como aplicar efectos al instrumento y conectarlo al amplificador de clase para realizar un determinado acompañamiento), aunque sufra el clásico problema del siglo XXI: a veces los teclados suelen estar sin batería.

 

  • Clases extraescolares: en Italia los profesores pueden presentar proyectos formativos (existen fondos específicos asignados para la mejora de la oferta formativa) que, si son aprobados por el centro y el claustro, permiten realizar actividades en horario de tarde dirigidas por los propios docentes: elaboración de un musical o preparación de exámenes de Cambridge, entre otras.

 

Innovación y raíces: De los «Fandangos di Cerro» al Flamenco Digital

El plato fuerte de mi estancia fue la docencia. Mi objetivo era doble: mejorar mi fluidez en inglés y acercarles el flamenco desde una perspectiva teórica, práctica y tecnológica.

Diseñé un taller, el cual impartí a varios cursos durante la semana, para enseñarles a reconocer los aspectos rítmicos y armónicos del flamenco, su estructura (introducción, letra, falsetas…), así como a realizar correctamente jaleos; el resultado superó todas mis expectativas. Los alumnos se volcaron tanto que terminamos cantando por tangos, ¡con una letra en italiano que les preparé! Pero el momento cumbre llegó cuando compuse para ellos los «Fandangos di Cerro» (unos fandangos de Huelva adaptados a su pueblo). Verlos cantarlo con tanto respeto y arte fue emocionante; probablemente, son los primeros italianos en la historia en interpretar este palo flamenco en su propio idioma.

Inclusión a través de la tecnología: entre clase y clase, los alumnos de Atención Educativa me pidieron espontáneamente unirse a mí. Aproveché para enseñarles un «secreto»: las placas Makey Makey conectadas a Scratch. Montamos una estación sonora interactiva que llamó su atención, antesala de lo que ocurriría el sábado, circulando la experiencia rápidamente por el claustro.

 

“La escuela es el mejor sitio para equivocarse”

Tuvimos también tiempo para el intercambio pedagógico profundo. Pude charlar extensamente con Nicoletta Moroni, la orientadora del centro (y colaboradora de la Universidad de Milán-Bicocca). Me fascinó su enfoque de la diversidad y la disciplina, intentando entender los diferentes contextos existentes entre los estudiantes para una atención lo más personalizada posible, al igual que intentamos en nuestro centro. Como me dijo la propia Nicoletta en una frase que me guardo para siempre: “La escuela es el mejor sitio para equivocarse”.

Ese mimo por lo humano y lo artístico se respira en sus actividades extraoficiales. Pude presenciar el ensayo de un musical escolar coordinado por los profesores de música Riccardo Campo y Marzia Adragna. Más de 30 horas de ensayo fuera de horario, gracias a los proyectos formativos mencionados anteriormente, donde ver la ilusión de los chicos y chicas fue realmente emocionante.

El «Supersábado» Intercultural y una despedida emotiva

El broche de oro de la movilidad fue el Día Intercultura, un «supersábado» donde las familias y el alumnado inundaron el instituto de trajes típicos, comidas de sus países de origen y tradiciones.

Por mi parte, estuve durante tres horas impartiendo seis talleres exprés de «Flamenco Digital». Trabajamos el flamenco experimental fusionando instrumentos convencionales con samples mediante código de Scratch y placas Makey Makey, tomando como base la Nana del Caballo Grande de Camarón de la Isla y el poema de Lorca. La acogida fue excepcional.

La despedida no pudo ser más emotiva. Escuchar a los niños preguntándome cuándo volvería a Italia para darles clase de nuevo, fue el mejor regalo del viaje. Antes de marcharme, fotografías, despedidas e intercambio de contactos para proyectos futuros. Lo mejor de todo es que se han abierto las puertas para futuros proyectos conjuntos. La directiva italiana se mostró entusiasmada con la posibilidad de realizar intercambios escolares y colaboraciones artísticas bilaterales en el futuro.

 

Un viaje también cultural

Pero no todo fue estar entre las paredes del aula. Estar alojado en Legnano me permitió vivir de cerca los preparativos de su famoso Palio (que conmemora el 850 aniversario de la victoria de la Liga Lombarda contra Barbarroja). Además, aproveché los ratos libres para empaparme del norte de Italia: los espectaculares jardines Giardini Estensi en Varese, la magia de Isola Bella y el Palacio Borromeo en el Lago Maggiore, una visita guiada obligatoria por el Teatro de la Scala en Milán, y un atardecer de postal en el Duomo y el lago de Como.

Vuelvo con la maleta llena de experiencias, recuerdos entrañables y, sobre todo, la certeza de que la música y la docencia no entienden de fronteras.